A un salto a la libertad…

Se habla mucho de la inteligencia de los delfines. ¿Pero qué hay de cierto en esto? ¿Son tan inteligentes los delfines como se dice?

Primero me gustaría analizar ¿qué es la inteligencia?

Si bien existen múltiples teorías y modelos al respecto, podemos definir de forma breve a la inteligencia como a la capacidad o conjunto de capacidades intelectuales que permiten a un ser vivo adaptarse de forma exitosa al medio que le rodea, siendo capaz de resolver problemas más o menos complejos y utilizar los recursos disponibles tanto en el propio sujeto como en el entorno de la manera más eficiente posible. Ello implica la capacidad, entre otros aspectos, de organizar el contenido mental, reestructurarlo y darle forma e incluso una cierta capacidad de abstracción.

Hay muchas especies de animales catalogadas como inteligentes, entre ellas se destaca el delfín. Este cetáceo presenta una estructura cerebral y conductas que hace pensar en él como uno de los animales más inteligentes. Está apreciación se ve potenciada por su complejo comportamiento social que nos recuerda a nosotros mismos.

Entonces, si les atribuimos cierta inteligencia, ¿por qué no son capaces de saltar para escapar de la cautividad?

Tal vez el error consista en que ¿estamos analizando y comparando a los delfines con la «inteligencia humana»?

Esta y otras tantas preguntas vinieron a mi cuando nadé con ellos por primera vez en la hermosa isla de Cuba y las cálidas aguas de Varadero. Fue hace 9 años atrás y en ese momento desconocía por completo la vida de estos magníficos animales. Este viaje de aventura en el extranjero lo compartí con una de mis mejores amigas. Recién llegadas debíamos organizar nuestras actividades, y comenzar con una excursión parecía un buen plan. Ante un   variado abanico de ofertas, no dudamos en cuál sería la elegida: ¡¡¡Nadar con Delfines!!! Allí fuimos. En una zona adyacente al mar, se encontraban una series de piscinas formadas naturalmente en red por dónde los delfines se movían con total “libertad”, simulando su hábitat con un gran espacio natural donde incluso se podía ver el fondo marino. La alegría y exaltación de poder nadar con ellos no nos permitió, en un primer momento, darnos cuenta de que la “libertad” y el “hábitat” no eran tan ciertas. Nos generó una gran controversia el saber que sus vidas transcurrían en un semi-cautiverio.

En aquel momento todo me parecía distinto, ambas viviendo la misma experiencia, al mismo momento y con diferentes maneras de sentirlo. Para mi amiga la experiencia tuvo una mezcla de sensaciones, una gran alegría que se mezcló con su temor al agua, el sentir la presencia de estos enormes animales bajo ella, su cercanía, no pudo disfrutarlos como lo había imaginado.

Sin embargo, para mí que me siento y soy otro «pez en el agua», ¡¡¡fue mágico!!! Esa piel tan lisa y suave al tacto que al acariciarlos toda su energía te llega y te hace vibrar, esa simpatía que llevan como si todo el tiempo estuvieran felices y nuestra serotonina se eleva y nos sentimos felices de estar ahí con ellos. ¡Momentos mágicos! Todos sus movimientos tan plásticos, su coordinación, la sensación de creer que te hablan, que se comunican con contigo, que son “humanos”…

 Pero, ¿qué hay de cierto en estas actuaciones?

¿Su inteligencia tiene que ver con la capacidad de adiestramiento? ¿Es más fácil adiestrar a un delfín que a otro animal? Las preguntas se sucedían en mi cabeza y quería retenerlas a todas, que no se fueran, que eran importantes porque quería saber o por lo menos generar el debate. Allí estábamos un pequeño grupo de turistas o visitantes compartiendo la experiencia de nadar con Delfines y, por supuesto, el entrenador. Llegado el momento del intercambio de opiniones sobre lo vivido, estaba yo, como siempre, haciendo preguntas incómodas.

La respuesta del entrenador me asombró. Cómo era obvio, comenzó diciendo que ningún animal debería de estar confinado en una jaula o en una piscina por muy grande que sea, que todo lo que nosotros vemos que un entrenador enseña a un delfín no es que aprende una rutina nueva, son todos comportamientos que se dan de forma natural y que tiene que ver con la comunicación, con el juego, con la forma en la que se relacionan. Que las ordenes que se les dan son de “innova” y solo los premian cuando hacen una pirueta o alguna gracia que nunca habían hecho. Cuenta que los delfines al principio se frustraban muchísimo, pero después, rápidamente entendían, que lo que les piden no es que hagan lo que el entrenador quiere, sino que hagan lo que ellos quieran. Que lo que hace el entrenador es establecer un entrenamiento condicionado donde si hace determinada actuación o comportamiento recibe un premio. Que a pesar de las actuaciones para recreación del público, están allí para la conservación de los delfines.

Siempre resulta interesante escuchar al otro para luego definir una postura, una forma de ver la vida y en este caso, la de los Delfines. Luego de esta gran primera vez con ellos, de la literatura y la experiencia personal, sin duda sigo pensando que estos animales deben estar en libertad.

Sin embargo, muchos otros estudios dicen que este tipo de actividades implica tenerlos encerrados, los cuales para este fin son capturados y mantenidos en cautiverio, lo que hace que vivan menos que si estuvieran en la vida salvaje.

Entonces empecé a preguntarme nuevamente si son tan inteligentes como dicen… ¿por que no saltan para escapar de su cautividad o escapar de las redes flotantes de pesca?

Sabemos que los delfines son los campeones de saltos en el mar, pero son incapaces de saltar para escapar a las redes de pesca flotantes o de piscinas naturales. Algunos creen que estos animales saltan fuera del agua por diversión como una expresión de alegría o como un juego, pero no son capaces de utilizar estos saltos para escapar de las redes a menos que se los entrene para ello.

Cuando estaba en Cuba nos contaron que a varios de ellos los habían soltado, pero que cada tarde volvían al mismo sitio. ¿Será por la escasez de peces en los mares que vuelven para alimentarse al delfinario? ¿Será que son más inteligentes que nosotros y en vez de salir a cazar van en busca de alimento fácil que les proveen los humanos? ¿O están tan tristes que no logran hacer un simple salto?

Y entonces me sigo preguntando ¿si los que aún están en cautiverio siguen eligiendo quedarse allí? Me sorprende mucho saber que los delfines no puedan escapar de una red… una simple red …donde sólo necesitan un salto para la libertad. O tal vez ¿son ellos que nos están enseñando y seamos nosotros que tengamos algo que aprender?

En muchas ocasiones tuve la oportunidad de verlos libres, eligiendo acompañarnos, con la simple tarea de saludarnos, dando saltos al lado del barco tan felices tan libres… los veíamos antes o después de un buceo.

Recuerdo una mañana que íbamos con SCUBA IBIZA, un centro de buceo que se encuentra en la Marina Botafoch en Ibiza ciudad, íbamos con un grupo de alumnos del curso Advanced Open Water de PADI y un grupo de buceadores certificados. Cada grupo con su instructor de camino a Es Vedrá, en la zona oeste de la isla de Ibiza, teníamos como bastantes minutos de viajes por lo que cada instructor aprovechaba para dar su respectivo «breafing». Ese día el mar estaba como un plato, planchado, sereno con mucha calma… cada vez que veo el mar en esas condiciones alerto a todos los buceadores que presten atención porque seguramente tengan la oportunidad de ver delfines.

Y así fue, casi como si ellos desde el fondo del mar me hubiesen escuchado. Al cabo de unos minutos alguien grito “¡¡DELFINES!!”. Allí estaban, saltando en la proa del barco, esperando a que todos sacaran sus cámaras para ser retratados, un grupo de 3 delfines que, por sus tamaños, creemos que era una bonita familia, mamá, papá y un lindo bebé delfín.

Aún no he tenido la suerte de bucear con ellos. Sin embargo, me fascina escuchar a mis colegas que sí tuvieron ese privilegio y que lo cuentan como una experiencia única. Estar rodeados de un grupo de delfines, verlos y escucharlos, presenciar cómo se comunican entre ellos. Un mágico momento que no se olvida, donde tuvieron la sensación de estar siendo observados en lugar de ser «los observadores».

Leí que los polinesios dicen que los delfines son la «memoria del mar», si es así, ¿por qué se siguen acercando a nosotros? ¿Que buscarán en nosotros al tenernos tan cerca? ¿Sabrán que está demostrado que somos una especie que los maltrata? Tal vez los griegos tenían razón cuando decían que eran el único animal conocido por salvar humanos de que se ahogaran, pero lo más importante es que decían que se les conocía como las únicas criaturas capaces de amar a un hombre sin esperar nada a cambio.

Sin duda quedan muchas preguntas por contestar sobre este increíble y maravillo animal que habita en nuestros mares y océanos.

Tal vez algún día nos sorprenda saber que los delfines saben algo que nosotros aún no sabemos.

Estemos atentos…

Observa los océanos, fija tu mirada en el mar, siéntelo, respira… ellos nos proporcionan la mitad del oxígeno que respiramos… donde las leyendas cobran vida y la realidad se convierte en fábula. Desconocidos mundos, desconocidas historias, solo custodiadas por un furioso e indefenso mar.

Carla Villari.

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